¿Por qué tantas personas necesitan ortodoncia?

Seguramente se te ocurren innumerables razones por las que deberías ir al dentista: caries, algún tipo de dolor etc. Sin embargo, una de las razones más comunes es porque nuestros dientes están mal alineados o apiñados y debemos o queremos realizarnos una ortodoncia. La mayoría sabemos en qué consiste este tratamiento, pero ¿Por qué nuestros dientes no se alinean correctamente de manera natural? Cuando uno observa a otras especies del reino animal no suele encontrarse con este tipo de problemas ¿Por qué somos los humanos tan propensos a tener los dientes mal alineados?

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¿QUÉ ES LA ORTODONCIA?

La ortodoncia es la parte de la odontología que se ocupa de corregir los defectos y las irregularidades de posición de los dientes.

Bien, resulta que no hay suficiente espacio en nuestras mandíbulas para albergar todos nuestros dientes, ¡Menudo error de diseño! ¿Verdad? El caso es que no siempre fue así, de hecho, el problema podría estar relacionado con el desarrollo de la agricultura hace unos 10.000 años. Cultivar vegetales y criar animales trajo consigo un cambio drástico en la manera en la que comíamos los alimentos (como cortarlos en trozos más pequeños o cocinarlos). Esto los hacía mucho más sencillos de comer y digerir reduciéndose el tiempo y la fuerza necesarias para masticarlos.

Según evidencias antropológicas esto provocó una reducción en el tamaño de la mandíbula, pero no en el número de dientes que poseíamos, origen de todos los problemas.

 
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Un estudio observó cambios significativos en la forma de nuestras mandíbulas en cráneos de antes, durante y después de la llegada de la agricultura. Las primeras mostraban gran desgaste y roturas en los dientes debido a un uso excesivo, sin embargo, en la mayoría de los casos, no estaban mal alineados. Tras la llegada de la agricultura, sin embargo, las mandíbulas se ensancharon, se volvieron más cortas, y mostraban dientes apiñados con mayor frecuencia.

Otro estudio comparó los cráneos y mandíbulas de once civilizaciones distintas repartidas por todo el mundo, incluyendo algunas predominantemente agrícolas y otras predominantemente cazadoras, las sociedades cazadoras poseían mandíbulas más largas y estrechas comparadas con las de las sociedades agrícolas.

Todos estos cambios sin embargo no tienen porque deberse a la selección natural, donde las sociedades agricultoras con mandíbulas más cortas tenían mayor probabilidad de supervivencia. En su lugar, podría ser un ejemplo de, lo que los biólogos evolutivos llaman plasticidad en el desarrollo, la capacidad de un organismo de desarrollarse de distinto modo dependiendo de sus hábitos y entorno.

Un estudio sobre pequeños roedores reveló que aquellos animales criados con una alimentación basada en comida blanda o cocinada en lugar de seca y cruda desarrollaban huesos maxilares más débiles y pequeños. Esto es obviamente difícil de probar en humanos ya que supondría limitar lo que las personas podrían o no comer durante largos periodos de tiempo, pero demuestra que en teoría podríamos desarrollar mandíbulas más grandes y fuertes si solo comiésemos alimentos duros durante nuestro desarrollo.

En conclusión, nuestro amor por la comida caliente, desde carnes deliciosamente cocinadas a los simples macarrones con queso han podido causar la necesidad de muchos humanos de someterse a un tratamiento de ortodoncia, pero, dicho sea de paso, si tuviésemos que escoger entre una ortodoncia o masticar los alimentos hasta que nuestros dientes se desgasten y rompan, la elección no es tan difícil...